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Juan Manuel Fangio corrió, chocó y mostró su pasta de campeón en el Grand Prix de Chile

Netflix estrenó recientemente “Fangio: El hombre que domaba las máquinas”, un documental de 92 minutos que relata las hazañas del cinco veces campeón argentino de la Fórmula 1 (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957), y en el cual participan connotados pilotos del pasado y presente. Éstos coinciden con la tesis de la producción basada en un estudio de la Universidad de Sheffield: que el nacido en Buenos Aires, apodado “El Chueco”, fue el mejor piloto de la historia. 

En esa línea, el documental busca desentrañar la mente del corredor que de niño trabajó en una herrería, para comprender qué le hacía arriesgar su vida para competir sin equipos de protección o dispositivos de seguridad a una velocidad suicida. Así, al final de esta película comprendemos por qué Fangio se convirtió en una leyenda incluso idolatrada por el siete veces campeón Michael Schumacher. “No creo que sea justo compararme con Fangio, pues ahora los autos son más seguros y él logró sus campeonatos a una tremenda velocidad teniendo en cuenta los vehículos que existían en su tiempo. Fangio fue muy superior a nosotros", llegó a decir el corredor alemán. 

A propósito de este documental recordamos un hito que en Chile no muchos conocen. Antes de alcanzar la fama mundial, Fangio estuvo en el país para disputar una carrera de la Fórmula 1 (F-1) que tuvo de todo: desborde de público, choques (uno protagonizado por el propio Fangio) y una trágica muerte.    

Corría 1950, año que marca el debut del primer Campeonato de la Fórmula 1. La temporada tuvo 7 fechas puntuables: 6 en Europa bajo la reglamentación de la F-1 más las 500 Millas de Indianápolis. Además, se disputaron 17 carreras bajo la reglamentación de la F-1 pero que no entregaban puntos para el campeonato; en una de ellas a Chile le tocó ser anfitrión.            

El Grand Prix de Chile se disputó el 17 diciembre con el campeonato ya resuelto (campeón fue el italiano Giuseppe Farina y subcampeón Fangio, ambos de la escudería Alfa Romeo). Se bautizó como Gran Premio del Presidente Alessandri (en honor a Arturo Alessandri por su reciente muerte) y fue organizado por la rama automovilística del Club Audax Italiano, que tuvo un gran apoyo del Automóvil Club Argentino.      

Los pilotos debieron recorrer un circuito de 60 vueltas por un trazado de 2.250 metros, de forma triangular y sentido contrario a las agujas del reloj, que pasaba por las calles de Pedro Valdivia Norte, Santa María y el camino El Cerro. El único piloto europeo que acudió fue el francés Louis Rosier, que pilotaría un Maserati 4CLT. Los demás pilotos eran sudamericanos, entre ellos los chilenos Ismael López y Bartolomé Ortiz Saenz. Además de Rosier, que abandonó en la sexta vuelta por problemas mecánicos, destacaban en la lista de inscritos los argentinos Fangio y José Froilán González, quienes pilotarían los Ferrari 166FL, propiedad del Automóvil Club Argentino que había pintado su carrocería con los colores tradicionales de la bandera argentina, según rememora “Eldeportero.cl”.      

La crónica de Revista Estadio del 23 de diciembre de 1950, relata: “No habían transcurrido dos de las sesenta vueltas y ya se sabía que la prueba, tenía dos competidores inmensamente superiores al resto. Ellos eran Juan Manuel Fangio y José Froilán González, hombre de experiencia en circuitos europeos. Fueron ellos distanciándose y ganando vueltas al resto, y tenemos que reconocer que hicieron lo posible por dar animación al espectáculo, por crear un clima de lucha brava y difícil”.         

El circuito completamente callejero tenía medidas de seguridad que estaban muy lejos de los estándares de hoy, compitiendo los autos con un muro humano alrededor. Con espacios reducidos, Fangio pudo haber quedado fuera de competencia cuando en la vuelta 18 varios autos se amontonaron en la curva sur del circuito. El piloto argentino chocó por detrás al uruguayo Eitel Cantoni, cuando estaba sacando una vuelta de diferencia, quedando con un leve daño en la parte delantera de su auto. Cuando la carrera terminaba, el argentino José Félix López perdió el control y se desvió hacia el sector del público. Chocó contra un poste de alumbrado y su auto se incendió.  La maniobra provocó la muerte de una niña que miraba la carrera, según las crónicas de la época.           

Juan Manuel Fangio, agregando emoción hasta los últimos tramos, resultó ganador de la prueba, marcando un tiempo de 1 hora, 14 minutos y 58,2 segundos, superando por 6 décimas de segundo a González. Como era de esperarse, el público desbordó el circuito para estar cerca de las estrellas y sus bólidos. Revista Estadio resumió así la actuación de “El Chueco”: “Nunca una vacilación, nunca un mal viraje, nunca un esfuerzo violento o precipitado. Maneja el volante casi con suavidad; son admirables la facilidad, la naturalidad con que acciona en él al tomar las curvas y salir de ellas”.

De los chilenos, el mejor fue Bartolomé Ortíz, quien terminó en el cuarto lugar pese a que el modelo de auto que manejó, el Simba-Gordini era mucho menos potente que las Ferrari de Fangio y González. Además, Ortíz debió remar desde atrás luego de que se le saliera la palanca de cambios en las primeras vueltas. González, en tanto, se retiró en la vuelta 23.   

Fangio volvería a Chile. En enero de 1963 fue el juez de partida y de llegada en una carrera en Viña del Mar. También asistió a la inauguración del autódromo Las Vizcachas, en 1967. Claro que estas visitas tenían una gran diferencia: ya era una leyenda.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=F1vm_qMDn-I

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